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Franns Rilles se desempeñaba ilegalmente desde hacía dos años en una panificadora de Valencia, España por lo que no tenía seguro social ni estaba afiliado a ningún sindicato.
Una máquina de amasar le cortó el brazo izquiero de cuajo, su jefe lo trasladó hasta dos cudras antes de un hospital donde lo abandonó y tiró el brazo seccionado en un contenedor de basura sin darle la posibilidad de que éste pudiera ser reimplatado.
La Guardia Civil, alertada por los médicos acudió a la panificadora a recuperar el brazo perdido pero se encontraron con la desagradable sorpresa de que el dueño había limpiado la sangre, tirado el miembro y continuado con la producción como si nada hubiera sucedido.
El sindicato denunció al dueño de la panificadora por abandono de persona.
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