La Coctelera

oranza

Nadie sabe lo que pesa la carga ajena. "APUESTO A ETANOL "por invertir en proyectos de energía alternativa; y la energía geotérmica.

16 Enero 2010

Las cartas de amor de Severino Di Giovanni

 

Josefa América Scarfó las recibirá hoy en la Casa de Gobierno

 

No voy a ir a pedir nada, sino a recuperar algo que me pertenece. Esta será la actitud con que Josefa América Scarfó -según le confesó a - recibirá mañana a las cinco de la tarde de manos del ministro del Interior, Carlos Corach, las cartas de amor que hace más de 60 años le escribió su compañero, el anarquista Severino Di Giovanni.A los 86 años, Scarfó sigue siendo una mujer intransigente. Para quien a los quince años rozó por primera vez la tradición anarquista -ideas que ya como mujer madura difundió por medio de una editorial-, tratar con el poder político no es una cuestión menor. Esta es una historia muy dolorosa y sólo yo sé cuánto me va a costar reencontrarme con esas cartas, dice.Esta historia se volvió dolorosa el 1 de febrero de 1931. Ese día, en la Penitenciaría de la calle Las Heras -donde hoy está el parque-, un pelotón de fusilamiento cumplió con la orden del presidente José Félix Uriburu. Di Giovanni no quiso que le cubrieran la cara. Segundos antes del estampido de los balazos, en el patio de la cárcel se escuchó el grito de ­evviva lanarchia!.Scarfó se resiste a mirar el trágico episodio como parte de la historia argentina. Las cartas ya fueron divulgadas en libros, hubo transcripciones periodísticas y todo el mundo habla de ellas; yo no lo voy a hacer. Pertenecen a mi mundo privado y a nadie más, le dijo también ayer a Clarín.El 30 de enero de 1931, en una requisa, los policías dieron vuelta la quinta Ana María, en Burzaco, donde Scarfó alcanzó a convivir con Di Giovanni sólo diez meses. Se llevaron desde panfletos que exhortaban a la insurreción de la clase obrera hasta las cartas de amor del anarquista.Desde entonces, hasta hace quince días, cuando fueron entregadas al Ministerio del Interior, las cartas dormían en el Museo de la Policía Federal.Antes de morir quiero tener las cartas de amor y poder apretarlas contra mi pecho, le dijo América Scarfó, hace unos seis años, al escritor y periodista Osvaldo Bayer, quien ayer habló con Clarín desde Alemania.Fue precisamente a través de Bayer que la mujer se enteró de que aquellas cartas -la mayoría escrita en italiano, algunas en francés- no habían sido destruidas. En Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, escrito entre 1968 y 1970, Bayer reprodujo las cartas.Como estudioso del anarquismo, Bayer calificó a Di Giovanni como un autodidacta en el terreno literario. Había sido maestro en Italia, pero sus estudios no eran universitarios. Jamás integró un círculo de intelectuales, y sus lecturas eran verdaderamente anárquicas: leía mucho, todo lo que le caía en las manos, cuenta Bayer.El anarquista conoció a Scarfó en terreno de ella. Los hermanos de la chica, Alejandro y Paulino, habían quedado impresionados por el discurso encendido del anarquista. Pese a ser de una familia católica y de clase media, los tres jóvenes se hicieron anarquistas. Di Giovanni, perseguido por la Policía, aceptó la invitación para instalarse en una habitación de la casa de los Scarfó, en Villa Ortuzar. Di Giovanni llegó allí con su esposa Teresa Mascullo y sus hijos. Allí, Di Giovanni, de 24 años, se enamoró de la chica, de 15.Esta relación no fue ajena a la polémica. El escritor Alvaro Abós censuró a Di Giovanni por haber abandonado a su mujer y sus tres hijos. También consideró la relación como una fijación narcisista propia de una personalidad inmadura.Bayer acude a las cartas para definir ese amor. Hablaban de un amor que podríamos calificar de puro, profundo, pero casi sin referencias de tipo carnal o sexual. Para Bayer, estos escritos destilan la moral anarquista de Di Giovanni: Sus cartas tenían ese tono porque, por sus ideas, sentía un gran respeto por el género femenino. Y asegura que Di Giovanni se separó en buenos términos de su mujer, y que recién afianzó su relación con Scarfó tres años después de haberla conocido.Según la periodista María Luisa Magagnoli, autora del libro Un café muy dulce -que narra la vida de Scarfó-, el primer diálogo del anarquista con la adolescente fue en el jardín de la casa. ¿Cómo están las begonias?, preguntó Di Giovanni. Están tristes, respondió ella.Según la periodista, el anarquista le decía soy tu rubio malo. La chica le contestaba mi rubio adorado.El 22 de junio pasado, después de una gestión que Bayer llevó adelante a través de Miguel Unamuno, el director del Archivo General de la Nación, el ministro Corach recibió a Scarfó y al periodista.Corach dijo que no habría problemas en devolver las cartas, cuenta Bayer. Mañana, las cartas del anarquista regresarán a su primera lectora.

http://radiolanegra.blogspot.com/

  • Estaban en el Museo de la Policía Federal desde 1931
  • Ese año el anarquista fue fusilado
  •  
    Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia - Osvaldo Bayer 

    Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia

    1970 - Ensayo
    Osvaldo Bayer

    Severino Di Giovanni era, en Argentina, algo más que un luchador anarquista. Representaba la rebeldía antifascista de las primeras décadas del siglo y también el enfrentamiento con las posiciones tibias y moderadas de muchos de sus camaradas que no coincidían con sus métodos y talante. Para Di Giovanni, representante máximo de los llamados anarquistas expropiadores, la dinamita era un elemento vindicador y la mejor de las medicinas para terminar con la barbarie que pretendían implantar los partidarios del Fascismo. Sin embargo, supo combinar la acción directa con la formación política a ultranza, como era norma en la época. Su enloquecido amor por la adolescente América Scarfó, hizo aflorar también su lado más romántico que contrastaba con la imagen sanguinaria que se empeñaban en dar de él sus enemigos y la prensa ligada al poder. Vivió y murió sin ceder en sus principios y su nombre es clave para discutir un tema tan actual como polémico: el de la violencia revolucionaria.

    .

    El fusilamiento de Severino Di Giovanni, por Roberto Arlt

    El 1º de febrero de 1931 fue fusilado el anarquista expropiador de origen italiano Severino Di Giovanni, quien con asaltos y atentados, logró tener  en jaque a la policía del país durante seis años. Tras despedirse de su familia, Di Giovanni fue ejecutado en el patio de la penitenciaría de la calle Las Heras ante varios testigos, entre los que se encontraba el escritor Roberto Arlt, quien en un artículo –transcripto a continuación- narró los últimos momentos de vida del anarquista.

    Fuente: ARLT, Roberto, Obras completas, Buenos Aires, Omeba, 1981, en PIGNA, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.

    “El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: “Venda no”.

    ”Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?

    — Pelotón, firme. Apunten.

    La voz del reo estalla metálica, vibrante:

    — ¡Viva la anarquía!
    — ¡Fuego!

    ”Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.

    ”Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.

    ”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:

    — Está prohibido reírse.
    — Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.

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